El vino cordobés gana terreno: 51 bodegas y 27 cepas cultivadas en la provincia

La vitivinicultura en Córdoba está viviendo una nueva etapa de crecimiento. Un reciente diagnóstico socioproductivo detectó que actualmente existen 51 elaboradores de vino en la provincia, con un total de 244,2 hectáreas de viñedos distribuidas en distintos puntos del territorio.

El estudio, realizado por Daniel Cáceres, investigador del Instituto Multidisciplinario de Biología Vegetal (Imbiv, UNC-Conicet), junto al docente Mariano Córdoba de la Facultad de Ciencias Agropecuarias de la UNC, analiza por primera vez quiénes son los productores, cómo trabajan y cuáles son las estrategias de esta actividad emergente.

Según los datos relevados, en Córdoba se cultivan 27 cepas diferentes —15 tintas y 12 blancas— entre las que predominan Malbec, Cabernet Sauvignon y Sauvignon Blanc. Los departamentos con mayor cantidad de elaboradores son Calamuchita, Colón y San Javier, con 12 productores cada uno.

Una vitivinicultura pequeña, pero en crecimiento

Aunque el crecimiento es notable, la escala sigue siendo reducida en comparación con otras regiones vitivinícolas del país. Córdoba representa apenas el 0,1% del total nacional de superficie cultivada con vid.

Para dimensionarlo, Mendoza supera las 142.000 hectáreas, seguida por San Juan (39.684), La Rioja (7.010) y Salta (3.700), según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura.

Además, la mayoría de los proyectos cordobeses son relativamente recientes: el 75% de los viñedos se plantaron después del año 2000.

“En el siglo pasado Córdoba producía millones de litros de vino de mesa. En los últimos 20 años emergieron emprendimientos de pequeña escala que buscan elaborar vinos más cuidados y con énfasis en la calidad”, explica Cáceres.

Y agrega: “Esta nueva vitivinicultura cordobesa está dando sus primeros pasos y buscando una identidad propia”.

Dos modelos de productores

A partir de entrevistas a 47 elaboradores de vino realizadas entre 2023 y 2024, los investigadores identificaron dos perfiles productivos predominantes.

Por un lado aparece el perfil empresarial, con mayores niveles de inversión —en algunos casos superiores al millón de dólares— y estrategias diversificadas donde el enoturismo juega un papel clave. En estos emprendimientos, las bodegas suelen complementarse con restaurantes, hospedaje y experiencias turísticas.

Por otro lado, está el perfil familiar, compuesto por productores con estructuras más pequeñas y estrategias más austeras. En estos casos, los proyectos suelen manejarse con menor inversión y mayor flexibilidad.

Un dato llamativo es que algunos de estos pequeños emprendimientos familiares son los que reportan ganancias, aunque mínimas.

Los productores mantienen una escala artesanal.

Producción limitada, pero diversa

La escala de producción también refleja el carácter emergente del sector. El estudio indica que el 77% de las bodegas produce menos de 12.000 botellas por año, mientras que el 34% elabora menos de 4.000 botellas anuales.

Solo cuatro bodegas superan las 20.000 botellas al año, lo que muestra el perfil artesanal que todavía caracteriza a gran parte de la vitivinicultura cordobesa.

Los desafíos del vino cordobés

A pesar del entusiasmo de los productores, el estudio revela que el 60% considera que la actividad todavía no es económicamente sustentable.

Muchos proyectos se sostienen gracias a ingresos provenientes de otras actividades, como el comercio, la industria o profesiones independientes.

“Los vitivinicultores se enfocaron mucho en implantar viñedos y construir bodegas, pero quedaron pendientes desafíos clave como la comercialización, la pequeña escala y la sustentabilidad económica”, explica Cáceres.

El investigador también advierte sobre otro problema crítico: el impacto de los herbicidas utilizados en la agricultura extensiva.

“Las vides son muy sensibles a estos herbicidas. Afectan la fisiología de las hojas, retrasan la maduración y reducen la calidad de la uva”, señala.

Este fenómeno ya afecta especialmente a viñedos de Colonia Caroya y el valle de Calamuchita, donde conviven la vitivinicultura con cultivos extensivos como soja y maíz.

La vitivinicultura cordobesa está en busca de su identidad.

En busca de una identidad propia

Más allá de las dificultades, los investigadores consideran que el sector atraviesa una etapa clave de aprendizaje y desarrollo.

“Los productores están empezando a conocer los distintos terroirs, identificar las cepas más adecuadas y mejorar los procesos de vinificación. Todo esto forma parte de un proceso de adaptación que permitirá construir una identidad propia para los vinos de Córdoba”, concluye Cáceres.

El trabajo completo, titulado “Principales características socioproductivas de la nueva vitivinicultura de la provincia de Córdoba, Argentina”, fue publicado en la revista científica Población & Sociedad (2025).

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