Por Diego Bretto
Fuimos a comer a Bros Comedor, el restaurante que desde 2020 convirtió un segundo piso frente al Paseo Sobremonte, en uno de los puntos más interesantes de la cocina contemporánea local.
Puedo decir que es el mejor restaurante en el que he comido en Córdoba este año.
Nos atendió personalmente su chef y propietario, Franco Ghione, quien nos hizo probar media carta, siguiendo sus sugerencias.
Es cierto: alguien podría decir que eso inclinó la cancha.
Pero Bros ocupa el primer puesto entre los restaurantes de Córdoba en TripAdvisor y tiene una calificación de 4.8 estrellas en Google con cerca de 3.800 reseñas.
Sospecho que mi experiencia no fue una excepción.

Qué tipo de cocina propone Bros
Le pregunto a Franco cómo definiría la cocina de Bros.
Habla de intersecciones: entre lo tradicional y lo re-versionado. Entre la nostalgia y la innovación.
Después resume todo en una frase mucho más simple: “Quería hacer un lugar para comer rico”.
La definición parece modesta. Pero después de probar los primeros platos, empieza a cobrar otro sentido.
Sabores que creíamos conocer
Llega un pastelito frito que podría confundirse con los que venden a la orilla del río en San Antonio.
Pero adentro hay calabaza, ricota de cabra y miel.
Después aparecen unas berenjenas en escabeche.
El recuerdo de las que hacían en casa dura apenas un instante: una salsa agripicante, yogur y dátiles cambian completamente todo lo esperado.
Me sorprendo más todavía con el puré, que no es de papas sino de castañas de cajú, acompañado por coliflor asado y un chilli crisp serrano.
La cremosidad acaricia el paladar. El coliflor está al dente. Hay un picor provocativo en la salsita con hierbas serranas y un toque de frescura con cilantro fresco al final.
Las fotos del antes y el después reflejan patente lo que pensamos.


En Bros casi todo funciona así. La cocina parte de un lugar conocido para desviarse unos metros y sorprender cuando uno cree saber qué viene después.
Un menú para tapear
Seguimos con un vino que tampoco conocíamos. Soñar Soñar, un malbec-syrah elaborado con uvas de Cruz del Eje y criado durante veinte meses en roble.
Otra pequeña historia inesperada: el vino se produce en La Calera.
La carta está pensada, en su mayoría, para compartir. Hay platos más grandes, como una milanesa de bife de chorizo o un bife de 300 gramos, pero el recorrido invita al tapeo.
Pedimos porciones reducidas para probar más variedad.
Llega el matambrito de cerdo con mermelada de mandarina. Potente. Viene acompañado con hinojo, apio encurtido, perejil, que lo alivianan.
Se corta fácil y cuando entra en contacto con las papilas nos lleva de viaje.
La carne sabrosa combina con el ácido y dulce de las cascaritas de mandarina de la salsa y explotan sensaciones desconocidas.
Cierro los ojos.
Se me eriza la piel.
Probamos la Polenta blanca con hongos, manteca de miso -una pasta aromatizante japonesa-, almendras y nueces. Sublime.
Pero lo mejor es el Puré de papas ahumado + Papas fritas + Papas pickles.
Pruebo una cucharada tras otra.
Primero me sorprende.
En la próxima busco asimilar la complejidad.
Pruebo cada textura por separado.
No puedo parar.
Tampoco quiero preguntar cómo se hace.
Prefiero irme a casa con la ilusión de creer que no es un truco, sino magia.
Quién es Franco Ghione
Con toda la onda que se respira en Bros, surge una pregunta inevitable: ¿De qué cabeza sale una cocina así?
La respuesta empieza bastante lejos de lo que pueda imaginarse. No hay una infancia de viajes internacionales ni un creativo caprichoso y snob.
Franco Ghione nació en Freyre, un pueblo de ocho mil habitantes del este cordobés.

Intentó estudiar Abogacía y Cine en la UNC. No terminó ninguna carrera. Se sostuvo trabajando de mozo en los bares de Sebastián Gullo, en Güemes, y más tarde como ayudante de cocina en República, de Miguel Escalante.
Un amigo de la familia lo persuadió de no irse de mochilero a Europa invirtiendo para que abriera un restorán en el pueblo: Angélica Cocina Bar. Allí convivían un menú de bodegón con algo de vuelo los sábados, con pizzas y lomos los días de semana.
Más tarde apareció una oportunidad inesperada. Una empresa de cacería de patos en la provincia de Buenos Aires lo contrató para cocinar para clientes extranjeros de altísimo nivel.
Su empleador lo llevó a su casino en Nevada y allí aprendió a manejar una cocina con 40 personas y 800 platos por servicio.
La aventura terminó cuando su novia, hoy esposa, le puso los puntos. “O te vas a perseguir tu sueño de hacerte millonario o volvés y construimos algo”.
Volvió. Y ese algo terminó llamándose Bros.
Como es el ambiente de Bros
El acceso engaña. Una escalera junto a un maxikiosco no anticipa demasiado.
Arriba aparece un salón cálido, de líneas simples. Las mesas son de madera clara, con formas formas irregulares. La iluminación, tenue. Y un enorme ventanal enmarca el Paseo Sobremonte y Tribunales, una de las postales más lindas del centro cordobés.
Una barra de punta a punta permite comer sentado sobre ese paisaje.
Incluso en una noche fría y lluviosa de julio, seis de las diez mesas están ocupadas.
El público es ecléctico total: una parejita hipster, otra de mediana edad, tres amigos, un grupo de extranjeros que conversa en “espanglish” sobre máquinas industriales.
Franco sonríe.
“Mucha gente que visita Córdoba termina pasando por acá. También por Nakama, Raisu o El Papagayo. En pocas cuadras se armó un circuito gastronómico de nivel internacional”, dice.


Un verdadero “hole in the wall”
Antes de despedirnos, Franco menciona una expresión que resume bastante bien su proyecto.
Quería que Bros fuera un hole in the wall. Literalmente, un “agujero en la pared”.
En gastronomía, el término describe a restaurantes pequeños, casi escondidos y modestos, con sabores auténticos, que se difunden boca a boca.
Mientras termino la última copa de vino, pienso que esa definición le queda perfecta porque Bros produce exactamente ese efecto.
Uno sale con la sensación de haber encontrado un lugar que merece ser contado.
No por espejitos de colores ni una cocina empeñada en mostrarse sofisticada.
Sino porque toma sabores que todos creíamos conocer, les da un tiro inesperado y consigue algo bastante difícil: recordarnos que todavía es posible sorprenderse en una mesa.
Guía rápida de Bros Comedor: dónde queda, cuánto cuesta y qué comer
| Aspecto | Detalle |
|---|---|
| Ubicación | 27 de Abril 568, 2.º piso. |
| Barrio | Centro. |
| Chef | Franco Ghione. |
| Estilo gastronómico | Cocina contemporánea con platos para compartir. |
| Precio | $$$$ ($52.000 por persona, aprox.). |
| Experiencia | Cocina de autor en un ambiente íntimo y moderno. |
| Recomendado para | Parejas, salidas especiales y turismo gastronómico. |
| Platos destacados | Puré de papas ahumado, Matambrito de cerdo, Pastelito de calabaza y ricota de cabra, Crema de castañas con coliflor asado. |
Preguntas frecuentes
¿Qué tipo de cocina ofrece Bros Comedor?
Bros Comedor propone una cocina tradicional contemporánea: parte de recetas, ingredientes y sabores conocidos para reinterpretarlos con técnicas e influencias actuales. La mayor parte de la carta está pensada para compartir.
¿Cuánto cuesta comer en Bros Comedor?
Al momento de nuestra visita (julio de 2026), el precio promedio fue de $52.000 por persona (unos US$35), incluyendo comida y bebida.
¿Qué platos recomendamos pedir en Bros Comedor?
Nuestros favoritos fueron el Puré de papas ahumado con papas fritas y papas en pickle, el Matambrito de cerdo con mermelada de mandarina, la Crema de castañas con coliflor asado y chilli crisp serrano, el Pastelito de calabaza y ricota de cabra, y la Polenta blanca con hongos.
¿Para qué ocasión recomendamos Bros Comedor?
Es ideal para una cena de pareja, una celebración especial, una salida con amigos que disfruten de lo gourmet o para recomendar a turistas que buscan un cocina local con nivel internacional en Córdoba.









