Hay gestos que exceden lo gastronómico y se transforman en símbolo. La noche de la gala de los Mejores Restaurantes de Córdoba 2026 tuvo uno de esos momentos: cuando Leo Ferreyra, maestro charcutero de Oncativo, subió al escenario con una pieza que parecía salida de otro tiempo.
No era un jamón más. Era una “arpa” de cerdo.
Media res curada durante un año entero, trabajada con precisión artesanal, paciencia y conocimiento. Una pieza monumental que, al momento del corte, reveló fetas de hasta un metro y medio de longitud. Una imagen impactante, casi teatral, que dejó en silencio a un auditorio acostumbrado a ver —y probar— de todo.
Una locura que terminó en obra
La historia empieza, como muchas buenas ideas en gastronomía, con una mezcla de intuición y obsesión. La imagen había aparecido en redes sociales: una pieza similar, hecha en Europa, que desafiaba los límites de la charcutería tradicional.
La pregunta fue inmediata: ¿por qué no hacerlo en Córdoba?
El desafío cayó en manos de Leo Ferreyra, uno de los nombres más respetados en el universo de los chacinados artesanales de la provincia. Y la respuesta fue tan simple como contundente: hacerlo.
No era un encargo menor. Implicaba trabajar con medio cerdo completo, respetar tiempos largos de curación —un año entero— y sostener un proceso delicado en cada etapa. Temperatura, humedad, salado, secado: todo debía alinearse para que el resultado estuviera a la altura de la idea.
El resultado fue una pieza única en la Argentina.

El momento perfecto
La presentación no podía ser en cualquier contexto. Y la gala de Circuito Gastronómico, con más de 250 referentes del sector reunidos, fue el escenario ideal.
Ferreyra subió con el arpa en brazos —una imagen potente en sí misma— y, antes de que comenzara la ceremonia, realizó el primer corte frente al público. Fetas largas, elegantes, con ese color profundo que solo da el tiempo bien trabajado.
Luego vino la charla en vivo con los conductores, donde se repasó el proceso, los desafíos y la singularidad de la pieza. Pero lo mejor estaba por venir: el público pudo probarla.
El aperitivo de la noche, a cargo del chef Santiago Blondel, fue el marco para que cocineros, dueños de restaurantes y protagonistas de la escena gastronómica cordobesa degustaran el resultado de esa “locura”.

Tradición, técnica y espectáculo
Lo que hace especial a esta “arpa” no es solo su tamaño —aunque impacta—, sino lo que representa.
Es la síntesis de una tradición europea reinterpretada en clave local. Es la confirmación de que en Córdoba hay técnica, producto y oficio para jugar en ligas mayores. Y es, también, una puesta en escena: la gastronomía como experiencia completa, donde el ritual del corte tiene tanto peso como el sabor.
En un contexto donde muchas veces la novedad pasa por lo inmediato, este proyecto va en dirección contraria: tiempo largo, procesos lentos y resultados que no se pueden apurar.
De la gala a la mesa de los suscriptores
Pero si la gala fue el momento de impacto, lo que viene ahora es, quizás, aún más importante.
Porque esta pieza —o, mejor dicho, su resultado— no quedará solo en el recuerdo de esa noche.
Durante este mes, el jamón de “arpa” formará parte de La Gurmet, la caja de productos seleccionados que Circuito Gastronómico envía a sus suscriptores.
Un verdadero lujo. No solo por la calidad del producto, sino por lo que implica: acceder a una elaboración única en el país, pensada originalmente para un evento de alta gastronomía y trasladada ahora a una experiencia doméstica, íntima.
Es, también, una forma de cerrar el círculo: de la idea a la ejecución, del escenario a la mesa.

Orgullo y agradecimiento
Para Circuito Gastronómico, el proyecto tiene un doble valor.
Por un lado, haber impulsado una iniciativa inédita, que eleva la vara de lo posible en la escena local. Por otro, poder compartir ese resultado con su comunidad de suscriptores, reforzando una identidad que combina curaduría, calidad y experiencia.
Y en el centro de todo, Leo Ferreyra.
Su predisposición a asumir el desafío, a llevar adelante un proceso largo y exigente, y a transformar una idea ambiciosa en un producto concreto, habla de un oficio que no se improvisa.
De esos artesanos que entienden que la gastronomía no es solo cocinar: es crear, sostener, esperar y, finalmente, compartir. Porque al final, de eso se trata. De hacer realidad lo que parecía imposible. Y de lograr que, por un momento, todos podamos probarlo.









