Calina, un refugio ideal para descansar en vacaciones de invierno

Por Valentina Livolsi (*)

A exactamente 1 hora y 20 minutos de la ciudad de Córdoba (usamos la nueva autovía de Calamuchita, de un tirón ya estás, es una opción más si no querés tantas curvas) y luego de un necesario paseíto por la montaña, viñedos que invitan a visitar desde el camino y la mirada siempre obligada al dique -que es bello en las cuatro estaciones- llegamos a Calina, una «casa de huéspedes» ubicada en Villa General Belgrano.

Nos recibió Celeste, recorrimos un poco el lugar y encaramos para la suite que nos tocó: pet friendly, por supuesto. Un punto para Calina, dice Marga acá al lado.
Las increíbles instalaciones no solo son bellas, sino que cuentan con todo lo necesario para que solamente nos dedicáramos a bajar los 300 cambios que traíamos de la ciudad. Y vaya que lo lograron. ¡Es un lugar hermoso para visitar en las vacaciones de invierno!

Emplazado entre árboles, pinos y un bosque precioso frente a la montaña, Calina cuenta con diferentes tipos de habitaciones, suites premium, aparts y hasta un chalet.

La cama es una nube, la suite está calentita 24/7 con calderas, mini cocinita con heladera y microondas, placard, patio para mascotas -con jacuzzi incluido- (voy a tener que volver por él en verano) y un vasto etcétera que pueden ir a chusmear a este link.

La rutina, dentro de la rutina de otros

Hacía mucho que no visitaba Villa General Belgrano en invierno: tiene un encanto medio a cuentito, aromita a leña, café y chocolate.

Pasar de laburar en la oficina un día normal a estar 9 am compu en mano y frente a una vista hermosa de la montaña, de verdad que fue una suerte. Pasa un pajarito, corta el cielo azul. De a poco, la neblina matutina se va disipando con los primeros rayos de sol y yo ya voy por la segunda taza de café.

El bar interior de Calina y sus ventanales que llegan hasta el techo -literalmente- regalan una calidez que realmente necesitaba, esa luz natural que invade todos los rinconcitos del lugar y que encima le suma calorcito a todo lo que toca: amanece helado por estos lares. Punto para Calina.

Semanas intensas, mucho trabajo, andar de acá para allá, no frenar. Salir de la rutina es una suerte que se agradece. Flotar en una pileta climatizada hasta salir con la piel de mondongo, también.

El sector para desayunar.

Cómo se vive un día en Calina

Con el primer clarito del día yo ya estaba saliendo de la cama para ir por mis cafecitos, trabajar hasta el mediodía y exprimir todas las horas restantes de nuestra segunda jornada acá. Bueno, abro la compu. Pongo agua para el mate mientras charlo un poco con Alejandra -en servicio de gastronomía por la mañana- que me cuenta que se cruzaron unos zorritos más temprano, con total naturalidad y con una paz y una dulzura que se contagian. Quien pudiera.

El desayuno, una belleza. Todo lo que te imagines y van cambiando las opciones de patisserie cada semana. Frutas, HARINAAAASSSSSSSS, huevos revueltos y rellenos, dulce, salado, café, tecitos… Refill las veces que quieras. ¿Me tomo una tercera taza? La vida es una, vos metele.

El sol sube cada vez más. Ya entrado el mediodía y con las responsabilidades terminadas, empieza el disfrute al 100%. Hay que pasear con la Marga que tiene chalequito nuevo. Está feliz: corre, huele, pasea por todos lados.

Volvemos y ahora sí, me voy al spa: mi cuerpo solo quiere estar en la pileta climatizada. 40 minutos después y medio que ya con la presión baja, vuelvo a la suite y acá debo meter párrafo solamente para decir que: rara mi hay un par de cosas importantes para valorar un hotel y entre ellas, está la ducha. Si el hotel, no importa cual sea, no tiene una ducha que te haga olvidar de las penas del mundo… entonces yo ya no sé. Por suerte esta vez, la ducha fue un sueño. Mamita querida qué belleza.

La pileta climatizada perfecta para el invierno.

Genuina, un restaurante que cuenta historias con cada ingrediente

La gira sigue porque esta noche cenamos en Genuina, restaurante del hotel. Comandado por Vero Samaniego y un equipo súper amoroso -Estella se encargó del
servicio de la noche (y es la creadora de uno de los tiramisú más deliciosos que he probado).

Acá la magia radica en que todo tiene un inicio, un desarrollo y un desenlace. Tal cual así se encuentra en la carta, los pasos son momentos: hay que leer -y probar- cada plato con atención, desglosando lo que nos quiere contar. Un concepto que a mí me pareció precioso y que combina perfectamente con el entorno. Es una carta estacional en la que se trabaja solamente con productos locales, cuidando así el kilómetro cero. El equipo busca constantemente ese feedback con el entorno, esa charla entre cocina y el plato finalizado que tanto se busca.

Para el primer paso (o inicio) crostinis con cremoso de tomates secos, nueces y especias. Una delicia que combina untuosidad, acidez y ese toque crocante de los frutos secos. El bocado justo, la calidad intacta.

Ya para el segundo paso (desarrollo) y por pedido de quien suscribe: omelette relleno. Si en un restaurante te hacen bien un omelette, el resto será pan comido. Esponjoso, potente, mucho queso y cebollas caramelizadas por dentro, especiado y en su punto ideal. Salió con lo que solo puedo describir como lo que sintió el primo de Ratatouille cuando prueba comida de verdad: una ensalada turca asada y tibia -me emociono- de morrones, cebolla, berenjena, zapallitos, almendras tostadas y olivas negras, con el toque final de la ralladura de limón. Umami. Vorágine armónica. Ya la extraño.

Fede comió lasagna de carne y en este plato la salsa fue la protagonista: ragú con tomates frescos de cocción larga. El contraste de su delicada acidez con la cremosidad de la ricota dice que fue maravilloso.

Con el tercer paso (desenlace) a mí ya me tenían al borde de las lágrimas de emoción: tiramisú. El tiramisú de Estella. Caserito, caserito. Vainillas con sabor a hogar, el
mascarpone cremoso y denso, dulzura justa, buen café, buen cacao. Déjenme decir, y que yo diga esto tiene un valor sentimental… Este tiramisú quedó mano a mano con el que hacía la Nona. A lo que está bien hecho, hay que aplaudirlo. Y disfrutarlo. No quedó ni una miga.

Terminamos el vinito, llegó Vero a la mesa. Nos contó que llegó hace seis años a la Villa, directamente de Capital Federal y se enamoró al instante del lugar. Su visita era nada más que para dar una capacitación gastronómica en el hotel que aún no contaba con restaurante. Cuestión que conoce al equipo de Calina, se dan cuenta que podían armar algo piola en conjunto y le da la total libertad de armar a “su hijito” como ella dice: en diez días fue, renunció a su trabajo como jefa de cocina en un restaurante de Puerto Madero, armó las valijas y se instaló en la ciudad serrana. En sus palabras, coincidieron “ojo, tiempo y corazón”.

Para Vero, la cocina es como la poesía: cuando la leíste -o probaste- ya deja de ser tuya para ser del otro. Otro concepto que me resultó adorable.

Cerramos la noche paseando un ratito por el parque y yo me quedé pensado: para mí, cocinar es un acto de amor; comer, un voto de confianza. El cielo estrellado, una lechucita corta el cielo azul profundo, casi negro. Nos metimos a la suite. Marga nos esperaba para comer. Estaba frío de verdad. Hermosa la montaña en invierno.
Calina fue refugio y una rutina diferente que necesitaba.
Volveremos, claro que sí.

El parque de Calina, de noche.

Mi top 5 de Calina

1- Que sea PET FRIENDLY. Una opción maravillosa y cómoda para quienes tenemos perrhijos y los llevamos a todos lados.
2- Instalaciones, un mil. Calidad, calidez y comodidad. La triple C papáaaaa ah.
3- Duchas, blancos y almohadas: columna vertebral del buen descanso.
4- El cielo y los paisajes.
5- Las opciones para disfrutar en invierno, en familia o en pareja.

Para más info

Dirección: El Nogal 683 – Villa General Belgrano
Mail: [email protected]
Whatsapp: (03546) 154-00264

(*) Sommelier

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