Por Vanina Boco (*)
Cuando pasás las Altas Cumbres y llegás al valle de Traslasierra, ya se produce la magia: bajás de ritmo, respirás el aire puro de las sierras y activás todos los sentidos para disponerte a disfrutar.
Es que detrás de las sierras más altas de Córdoba, hay un conjunto de pueblos preparados para ofrecerte experiencias de todo tipo y, por supuesto, dispuestos a que la pases bien.
Con esta premisa, la Posada & Bodega La Matilde se creó hace 10 años y eso se siente apenas ingresás: unos kilómetros antes del Centro de San Javier, sobre la Ruta 14, este complejo se asoma a la derecha e invita a recorrer las 65 hectáreas que lo conforman.
Una enorme construcción de estilo colonial emerge entre árboles autóctonos antiguos y el perfume de los jazmines que se desprenden de su extensa galería te envuelve para darte la bienvenida.
El inicio de la experiencia
Me recibe una sonrisa, un saludo cálido y una charla breve para transmitirme la esencia de La Matilde esta posada que se construyó pensando en trasladar la sensación de hogar de las abuelas, en revalorizar la identidad local y en apoyar su funcionamiento en lo ecológico y sustentable.
Son apenas 10 habitaciones que le dan la intimidad necesaria para que el entorno se mantenga relajado y todos puedan disfrutar de los espacios sin estorbarse.
«Chañar rústico» se llama mi habitación y cuenta con balcón a la galería que da justo a la parte de atrás de la posada. Adentro, los espacios son amplios, hay una estufa y un sofá para sentarse a leer, hay tejidos, mantas y hasta un ropero como los de las abuelas, batas, pantuflas y hasta shampoo, acondicionador y jabón que se elabora en la misma posada. El detalle: tarjeta de bienvenida, frutos secos y un racimo de uvas -sí, por la bodega-.

Una cabalgata por monte nativo
Tengo apenas un fin de semana para disfrutar de este lugar y, en los primeros minutos, ya me doy cuenta de que no llegaré a hacer todo, pero me pongo en marcha y me sumo a la experiencia de cabalgata.
Los caballos esperan en la parte del estacionamiento y mi guía mendocino, junto a dos perritos de la posada, me llevan a transitar por los viñedos, los corrales con animales, el taller de cosmética artesanal y unos senderitos perdidos en un monte de árboles nativos.
La hora de cabalgata se pasa rápido y la tarde otoñal no puede ser más perfecta. ¿O sí? Porque enseguida, las chicas que trabajan en la posada me indican que hay disponibles sets materos para llevarlos a donde quiera. Elijo el sector de la huerta orgánica para tomar unos mates mientras conozco la producción que realizan allí y que luego utilizan en los platos del restaurante DeAdobe. También hacen producción de gírgolas.
Antes de que termine la tarde, doy un paseo por las inmediaciones y visito el sector de la pileta que es amplia, cómoda y abrazada por la vegetación.

Sábado de fuegos
Para la noche ya tengo planes porque cuando venía en viaje me contaron que todos los sábados encienden las llamas y el restaurante ofrece «Sábados de fuegos» una propuesta para disfrutar de los sabores criollos.
La cena arrancó con escabeche de gírgolas de producción propia acompañado de focaccia y una copita de Malbec, también de elaboración propia, todo cortesía de la casa.
Luego, llegó el menú tradicional: empanada criolla frita con salsa llasjua picante. De principal, matambre a la pizza con papas doble cocción y verdes frescos. Un plato abundante y en su punto justo. Para cerrar, el postre era un cremoso de chocolate, crocante de almendras y nueces, oliva y sal. Una mezcla de sabores y texturas que cerraron la noche a lo grande. Por supuesto, lo acompañé con un vino La Matilde, del varietal Tannat. Maridaje 10/10.


Por supuesto, la carta tradicional del restaurante sigue abierta y allí se enfocan en sabores más gourmet: Sopa fría de tomates y pepinos encurtidos, Strudel de repollo morado, peras y queso azul con tabulé de quinoa, Trucha en trozo con croute de frutos secos, semillas y ralladura de limón, Costillas braseadas sobre cebollas asadas con puré rústico de papas y espinacas, solo para mencionar algunos platos.
Al día siguiente, un desayuno casero me esperaba en la galería del restaurante: budines, medialunas, chipá, panes diversos, pasta frola, frutas, cereales, fiambres y quesos, huevos, jugos, té en hebras, café y todo lo necesario para arrancar el día.
Llegó el momento de dejar el lugar, pero como dije, me quedaron cosas pendientes: clases de yoga, masajes, visita guiada a la bodega, caminatas y más propuestas que hacen que La Matilde no sea un lugar de paso, sino un espacio que te abraza, te cobija y te invita a quedarte.
Contacto
Posada & Bodega La Matilde está en Ruta Provincial 14 km, 133.5, San Javier. WhatsApp: 351 235-2373.
(*) Periodista de viajes y gastronomía









